jueves, 7 de agosto de 2014

Reforma sanitaria en America Latina



Deficiencias en los diagnósticos de las reformas sanitarias de los años noventa en América Latina
María del Pilar Guzmán Urrea1

Al final de los años ochenta y principios de los noventa,en la mayoría de los países occidentales se generalizó un movimiento de reformas sanitarias que autores como Almeida (1) ubican en la tercera generación
de reformas en el sector salud del siglo XX, estrechamente relacionado con la “agenda post-welfare” y la tendencia internacional de reforma del Estado que puso sobre la mesa de discusión temas como el papel del Estado y del mercado en el sector sanitario, la descentralización, la privatización y la concesión de mayor capacidad de elección a los “consumidores” de los servicios de salud.

Si bien cabe reconocer que existe una amplia variedad de estrategias en las agendas de cambio en los diferentes países, determinadas por aspectos históricos, socioeconómicos, culturales, de contexto, de proyectos políticos, etc., que derivan en innumerables especificidades
en cada país, es posible distinguir un conjunto de tendencias paralelas tales como:

1.     1. La racionalización de los recursos sanitarios a través del establecimiento de prioridades, el aumento de la coparticipación financiera de los usuarios, la búsqueda de una producción sanitaria más eficiente y la distribución de los recursos de manera efectiva.

2. La incorporación del concepto de “competencia administrada”como forma de establecer mercados “regulados” en el ámbito sanitario y de generar medidas de control que operen sobre la oferta y la demanda de servicios de salud.




3. La separación entre el financiamiento y la provisión de servicios cuyo objetivo apunta a disminuir la producción directa de servicios por parte del Estado, a cambio de fortalecer sus funciones de regulación..
 
4.     4. La descentralización de las responsabilidades en el financiamiento y la prestación de los servicios tanto en los planos subnacionales de gobierno como para el sector privado .

Los efectos de estas propuestas de cambio dependen del país en el que se estén aplicando; así por ejemplo, en los países de Europa Occidental que poseen sistemas de salud públicos, si bien se han llevado a cabo reformas encaminadas a la separación de las funciones de financiamiento y provisión, la flexibilización de la gestión y la transformación en la asignación de los recursos sanitarios, siguen siendo muy valorados por sus ciudadanos los principios de universalidad, solidaridad e inclusión y la atención sanitaria se sigue considerando como un derecho de ciudadanía o un derecho social .

Por el contrario, en el caso de América Latina —donde los niveles de exclusión y marginalidad social son tan altos y la intervención del Estado en la salud tradicionalmente ha sido bastantefragmentada (dedicada a grupos específicos de la población), con escasa capacidad de regulación de la prestación privada y donde la hegemonía de la doctrina neoliberal se ha aplicado de manera rigurosa (debido en
buena parte a la fuerte influencia de organismos financieros internacionales como el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional)—, los efectos de esas estrategias han ahondado aún más las inequidades de los sistemas de salud de la región, debilitado sus ya frágiles y parciales estructuras de derechos de ciudadanía y han revitalizado la participación privada en el financiamiento y la provisión sanitaria.

El trabajo se divide en cuatro partes: la primera, analiza la visión  tecnocrática” que ha predominado en los diagnósticos de las reformas, la cual sobrevalora el desempeño de las instituciones de salud en el estado de salud de la población, limitando el objetivo de las reformas a la búsqueda de la eficiencia de las instituciones y la reducción del gasto en este sector.

En estrecha relación con este aspecto, en la segunda parte se cuestiona la forma como la visión económico-gerencial de las reformas reduce toda la complejidad del proceso salud-enfermedad al ámbito curativo, especialmente al hospital como centro de los cambios en salud y no tiene en cuenta los enfoques que plantean los determinantes
sociales de dicho proceso y la necesidad de formular estrategias “intersectoriales” en las reformas.

En la tercera parte se revisa uno de los aspectos más polémicos en las reformas sanitarias de los años noventa: ¿cómo armonizar las metas de la equidad y la eficiencia en las políticas de salud? Este tema es extenso, en tanto que conceptos como el de la “equidad” se adaptan a diferentes proyectos políticos y tendencias ideológicas. Lo que se intenta mostrar en este trabajo principalmente, es la dificultad que supone considerar
la equidad en el consumo de los servicios de salud como condición “suficiente” para disminuir las desigualdades en la salud de la población.

De igual forma, se muestran los efectos que algunas de las reformas han tenido sobre la equidad en salud, especialmente fragmentada (dedicada a grupos específicos de la población), con escasa capacidad de regulación de la prestación privada y donde la hegemonía de la doctrina neoliberal se ha aplicado de manera rigurosa (debido en buena parte a la fuerte influencia de organismos financieros internacionales como el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional)—, los efectos de esas
estrategias han ahondado aún más las inequidades de los sistemas de salud de la región, debilitado sus ya frágiles y parciales estructuras de derechos de ciudadanía y han revitalizado la participación privada en el financiamiento y la provisión sanitaria.

 En la cuarta parte se estudia el efecto que provoca el aumento de las consideraciones con respecto a los factores de riesgo individual o de responsabilidad individual en el origen de las enfermedades, algunas de ellas expresadas de manera implícita en muchas de las estrategias de reformas sanitarias de los años noventa.


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